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9.9.14

Diario de Nattramn


 
De los estigmas del Suicide Metal a las peripecias de un hombre cerdo enamorado.

 

Jueves 03-07 (Por la mañana, pero no demasiado temprano)

Me levanté de un humor melancólico hoy. Con esa melodía titilante que deben escuchar los suicidas y los ángeles de la muerte antes de besar la eternidad. Para remediarlo, me robé el gato de la vecina y lo aplasté con una maza. Pienso que a veces, con un poco de imaginación, se puede mejorar el día. Kerstin no me llamó anoche, y eso me provocó una ira descomunal, rompí muchas cosas, entre ellas mi propio brazo derecho. Luego recordé que no me llamó porque está enterrada debajo de un roble, en el bosque, con un tenedor clavado en el ojo. ¡Si! ¡Jajaja! Que cabeza la mía. Las cosas no me duran mucho tiempo. En fin. Tal vez me cruce a la carnicería y compre algunas patitas de cerdo. Es lo único que me consuela últimamente. Y además el carnicero me tiene miedo, cosa que me divierte y emociona al mismo tiempo.

Hasta luego diario. Prometo no abandonarte como hice con aquella mujer paralítica en la nieve.

 

Viernes 04-07 ( Por la noche, cuando el cuervo de locura se estrella en mi ventana)

Hoy por la mañana decidí que no había suficientes emociones en mi vida, de modo que fui al sótano y me tomé el veneno para ratas, luego subí a la cocina, me hice un té de manzanilla, y me senté a esperar. Al cabo de cinco minutos comencé a aburrirme así que me corté la tetilla izquierda con una gillette. ¡Me encantan las gillettes! ¿A quién no? Estaba en eso de embadurnarme con mi propia sangre cuando llegó mi madre. Tocó la puerta varias veces y me llamó, pero el veneno para ratas surtió efecto de golpe y quedé paralizado. No podía mover ni un músculo y mi garganta se cerró como si estuviera llena de arena. Fue un momento sublime. Bueno, en el hospital me dieron una purga con sabor a cerezas. Por el momento he recuperado parte de mi movilidad, pero solo hasta el cuello, lo que me hace pensar en esa extraordinaria película llamada Y Johnny tomó su fusil.

Mientras espero que me surta efecto la purga y comience a vomitar a chorros, le estoy dictando estas palabras a una enfermera, quien amablemente aceptó poner su caligrafía en mi diario. Es bastante bonita para ser Sueca y tiene unos ojos verdes muy grandes que me recuerdan a los de Kerstin. Cuando pueda moverme de nuevo intentaré estrangularla con la sonda.

¡Jajaja!. Es broma Anne...

 (No. No lo es)

 

¿Lumes o Juevedes?  07-15 (Algum momonete de la tarrrde)

AMado Dairo: Anohce vino Aarseth, viejo amigo y jeringa suya compartymos, eso y combo de galleta de arroz/nitrocitina pero su vena implotó por toda la habitación. Yo reía parar nunca y defequé alfombra persa mamá. Arseth luego confunde Orlok ( mia Pitón ) con Oboe y muestrrrra me obertura nueva de banda Impalator, perrrrro OrloK pica boca de Arseth hasta saltar suyas lágrimole sanguinum. Otra vez mi caca en algombra mi mame ensuciándolo. Il pobre Arseth drogose com mia pipa de experominto de hormiga cavadorrra africanum y llora seco en sofá hassssta quedó muuuuy muerto y se desprendiÖ su cabiza rodando por la aldombra persa mamá, otrrra vez Yo defeco de riza y pasamOTh buen rato jumtOS, mis feces y Yom. Horra temo relojo de Gato Filix ocn su horriblo ojo tic-tac-tic-tac…

 

 

Viernes 11-07 (Cuando cae dulcemente la tarde)

Querido Diario; Hoy pasé a buscar a mi pequeña sobrina Aslög y paseamos juntos por la ciudad. Fue una estupenda tarde de sol y caminamos tomados de la mano. Cuando Aslög se cansó de caminar ( solo tiene cuatro años y sus regordetas piernitas se fatigan pronto ) la subí en mis hombros y paseamos un rato más por el parque. Más tarde fuimos al centro comercial y tomamos helado. ¡Helado de frutilla y melón! Los gustos favoritos de Aslög desde siempre.

En un momento, mientras me contaba acerca de sus amadas muñecas, Astrid y Berta, se interrumpió y me dijo: –Tío Nattramn, te quiero. Me gusta pasar el rato contigo –Y sin miramientos me dio un beso en la mejilla. Mi corazón casi estalla de ternura.

Para finalizar la tarde fuimos al zoológico y vimos un sinfín de animales, pero donde más tiempo nos quedamos fue frente a la jaula de los reptiles, ya que a Aslög le repelen y le fascinan por igual.

Luego, con la niña dormida en brazos, tomé un taxi y la dejé en casa de mi hermana. Ebba, quien siempre se preocupa por mí, quiso que me quedara a cenar, pero me excusé diciéndole que me dolía la cabeza.

Mientras volvía a casa, pensaba en todo lo que me había dicho el psiquiatra luego de mi sobredosis. Eso de buscar las zonas de luz. Hacer cosas que me hagan bien. Que me llenen el alma. Y me dije que tal vez tenga razón.

Antes de que cortase el semáforo, con gran regocijo, puse en práctica sus consejos y empujé a un viejo ciego debajo de las ruedas del tranvía.

 

Martes 15-07 (Calculando las horas por el movimiento de las sombras)

Estúpido Diario donde vuelco mis miserias: Estoy otra vez preso.

Aunque esta vez las razones han sido injustas.

Es muy difícil explicar algunos divertimentos personales a la policía local. Y desde luego que no escuchan una palabra de lo que les digo. Me juzgan por mi aspecto; cuando deberían hacerlo por mis crímenes.

El problema comenzó la semana pasada, cuando el idiota de Umbra Luxury me envió en una caja su dedo meñique y adosado a ella, una breve nota que decía “Ya lo ves, Nattramn, soy el Dios de la automutilación”. La ocurrencia me provocó risa, pero también (no lo niego) un sentimiento de sana competitividad que me empujo a la acción. Así que bajé al sótano, tomé un serrucho, y le corté un pie a la pelirroja muerta. “Umbra Luxury está tan ansioso por ganarme que no notará la diferencia” pensé, y en realidad no me equivocaba.

Al día siguiente recibí el correo y allí estaba su brazo, amputado a la altura del codo. La nota solo decía un lacónico “¡Ja! Todavía puedo hacerlo”

No tardé en enviarle un par de orejas, manos y otras partes del cuerpo que elegí cuidadosamente, quería mantener la magia de la pulseada y además, descubrir hasta donde era capaz de llegar Umbra Luxury. Mi nota era provocativa y al mismo tiempo desdeñosa…el anzuelo perfecto para esta clase de chiflados.

Bueno, hace tres días recibí la cabeza de Umbra Luxury en una caja. La nota explicaba su postura frente a mis palabras y se jactaba por haber ganado la competencia. También dejaba instrucciones para que alimentara a su mascota, la tarántula albina Ubdur.

Pero el idiota avisó también a su casero, así que cuando la policía descubrió mis notas y las partes del cuerpo que Umbra había conservado, sin duda, por pura envidia, no tardaron en venir a buscarme.

En la soledad de mi reclusión, recuerdo que las píldoras suministradas por el estado me impiden lastimarme. En mi fuero íntimo, envidio a Umbra Luxury por vivir su vida hasta el límite (y por tener herramientas más afiladas que las mías)

 

Miércoles 23-07 (Que mi creatividad no lastime a nadie, pero si lo hace, que sea divertido)

Excelente semana. De la cárcel al hospital psiquiátrico y del hospital psiquiátrico a mi casa. Ayer sin ir más lejos, al verme de nuevo con tiempo libre, desarrollé una de mis actividades favoritas. Yo la llamo "jugando al muñeco de cera" y consiste básicamente en reemplazar a un muñeco de cera y quedarme muy quieto durante todas las horas que pueda.

Esta ocupación, que parece fácil, requiere una gran preparación. Primero está el tema del vestuario y el maquillaje, luego, infiltrarme en el recinto y hacer el reemplazo sin que nadie lo note. Para esto tuve que levantarme muy temprano y viajar tres horas hasta el museo del horror en Valberg, una vez allí, dormir al guardia con mi suero especial (nunca diré la receta, aunque amenacen con no torturarme) y escabullirme adentro justo antes de la hora de apertura.

 ¡Y lo conseguí! Rompí mi propio récord de inmovilidad perfecta, trece horas en la piel del demonio de Rottemburg. Ah...que placer indescriptible.

Delante de mi nariz desfilaron contingentes de todo el mundo, niños y adultos con sus cámaras de fotos, estudiantes y eruditos, y hasta las Hermanas del Remedio de la Catedral de Estocolmo santiguándose y pegando grititos ante mi espantosa imagen.

La cereza de la torta fue luego de la hora de cierre, cuando el guardia de seguridad al fin despertó y se puso a inspeccionar todos los rincones del museo, tenía un aire de confusión y parecía aturdido, pero de todos modos estaba dispuesto a descubrir el misterio. Lo dejé acercarse, despacio, despacio, y cuando estuvo a pocos centímetros de mi cara le dije suavemente: ¡Búh!

Dios bendiga a los enfermos cardíacos. Ahora está conmigo en mi sótano, y su silueta rígida me ha dado la mejor idea de mi vida. ¿Porque no tener mi propio museo de cera?

 

Un Martes cualquiera de Julio de cualquier año (En un inframundo sin tiempo ni esperanzas)

Incondicional Diario: Con la idea del museo de cera en mente me puse a reformar el sótano y decidí tirar abajo algunas columnas. El problema con eso es que carezco de noción en estructuras basales y gran parte de la casa se ha derrumbado sobre mi cabeza. Ahora estoy atrapado bajo varias toneladas de piedra y madera, no siento las piernas y tengo una gruesa viga de roble que me oprime el pecho cada vez que respiro. Es decir, es una situación divertida, pero muy incómoda, incluso para escribir. Algunos metros por encima de mi cabeza escucho a los bomberos trabajando y llamándome, pero por ahora he decidido guardar silencio. Me gusta pensar en esas pequeñas alimañas que se sienten amenazadas ante la presencia del hombre y por ahora estoy imitando su comportamiento. Con un poco de suerte, tal vez, los bomberos se cansen y dejen de molestarme. Hace un rato escupí un espumarajo de sangre con la forma del Ratón Mikkelsen y después de mucho mirarlo; entablé el siguiente diálogo con él:

 -¿Ratón Mikkelsen?

 -¿Mmmmh?.

 -¿Es cierto que la luna está hecha de queso y que el cerebro de los niños pequeños tiene una enzima capaz de darte la fuerza destructiva de tres Golems sedientos de sangre?

 -No a la primera y si a la segunda.

 -¿Ratón Mikkelsen?

 -Si, Nattramn, estoy aquí.

 -Te quiero Ratoncito.

 -Y yo a ti, Nattramn.

 

En un segmento de tiempo humano, en la órbita celeste (Registro mental N°457895)

En total estuve cinco días bajo tierra y fui descubierto por milagro, cuando un grupo de niños voluntarios se obsesionaron en desenterrar un supuesto tesoro que yo guardaba en el sótano (los mitos urbanos una vez más me han favorecido, aunque dudo que hayan encontrado doblones de oro) mi agradecimiento es en realidad, para el ratón Mikkelsen que me acompañó en todo momento durante mi estadía subterránea.

En el hospital me llenaron de sedantes, así que he ido y regresado del sueño a una vigilia ponzoñosa mientras me arreglaban huesos rotos y demás falencias ocurridas en mi cuerpo.

Lo más destacable por el momento, es que anoche, cuando me creían dormido, robé algunas ampollas de adrenalina y me di un subidón mágico que todavía cosquillea en la punta de mis cabellos.

Anotaré en orden lo que creo haber hecho bajo esta ola de poder, algo más o menos así:

3-2-1: ¡Despegue! /camino/ corro/ pasillo/ reboto/ escalera/ doctor/ empujo/ ventana/ cuatro pisos/ doctor/ alfombra Aladino/ suelo/ papilla/ levanto/ corro desnudo/ mujer grita/ puñetazo/ silencio/ robo ambulancia/ recorro ciudad/ sirena aullando/ gato del infierno/ semáforo rojo/ arrancado/ choco plazoleta/ corro corro corro/ entro club/ rectum demonae/ banda en vivo/ Malevolent Urdo/ nada buenos/ coro de niñas/ invitan escenario/ grito y grito/ gente vocifera/ Nattramn-Nattramn/ botella frente/ sangre/ alguien empuja/ camarín/ fotógrafo/ flash/ parto silla/ gorila sale atrás/ asusta/ yo corro/ gorila rápido/ callejón/ pared/tenacidad de la materia/

(luego se apagaron las luces y aparentemente fui traído de nuevo al hospital )

Ahora estoy igual que antes pero sujetado a la cama con correas. Y en la tele están pasando a un idiota demente que arrasó con media ciudad disfrazado de Godzilla.

Miercoles 13-08 (Expedientes clínicos, recortes periodísticos, archivos policiales)

El paciente N sufre un grave trastorno psicopático que lo lleva a agredirse y agredir a los demás como acto reflejo para reconocerse en un contexto determinado. En otras palabras, necesita cruzar el umbral del dolor o hacer que otros lo crucen para sentirse vivo. Esto ha quedado demostrado desde tempranos diagnósticos, pero también se manifiesta cada vez que se le concede cierto margen de libertad para desempeñarse. Se recomienda mantenerlo sedado y atado mientras haya personal del hospital no profesional trabajando en el mismo piso. Doctores y enfermeras deberán extremar precauciones para tratar con él, ya que es muy hábil para socializar y generar un clima común de confianza. Los doctores Mikael Eriksen y Thorrik Nilsson han pagado muy caro este engaño, sobre todo Nilsson que debió ser intervenido de urgencia en el Hospital Höggard de quemados y murió pocos días después con un injerto de piel fallido que el mismo N contaminó en el laboratorio. También están los episodios de robo y sustitución de psicofármacos por veneno para ratas, reemplazo de prótesis por miembros reales y la auto-operación de páncreas que el mismo N se realizó en el quirófano y requirió luego de un trasplante para salvar su vida. Por estos motivos, y otros incidentes menores que no cabe mencionar en este reporte, recomiendo practicar lobotomía frontal en el Paciente N. Circunscripto al reglamento interno del Hospital y certificado por las autoridades del mismo.

 Dr J.K Rowling

 

HOMBRE CERDO IRRUMPE EN HOGAR DE ANCIANOS Y CAUSA CUATRO MUERTES POR PARO CARDIACO.

Hacia las ocho de la noche del día de ayer, la tranquila cena en el hogar de ancianos estatal Fergusson se convirtió en una pesadilla. Esto sucedió cuando una especie de hombre cerdo, cubierto de sangre y costras amarillas destrozó una ventana y cayó directamente sobre una de las mesas. “Emitía unos chillidos insoportables y en lugar de manos tenía unas patitas de cerdo”. Dijo luego, a nuestro enviado especial, una anciana con voz temblorosa y agregó “No pude verle el rostro porque lo tenía embadurnado de sopa de arvejas, pero fue horrible”. Frente al susto y la sorpresa, cuatro de los miembros más viejos del Hogar Fergusson, se llevaron las manos al pecho y cayeron fulminados. Sus pobres corazones no lograron aguantar el sobresalto. Otros testigos afirman que luego de revolcarse en la mesa, el misterioso hombre cerdo se incorporó y preguntó adonde quedaba la puerta, luego, simplemente salió caminando y silbando como si no hubiera ocurrida nada. Todo Estocolmo está impactado por la noticia y recomendamos a la población no entrar en…

 

Nickolson Natty Ölson (ALIAS NATTRAMN) expediente policial 23.454

El sujeto ha sido detenido en innumerables ocasiones, por las más diversas causas. Está procesado y su ficha consta en el registro Penal. Espera sentencia por el asesinato del Payaso Kiki en septiembre de 2007, pero goza de libertad condicional in horroris causa dada su rara psicopatía considerada única por el consejo de Psiquiatría de Suecia. Se enumeran a continuación algunos de los últimos sumarios en el lapso Julio-Agosto.

 12 de Julio. Desorden en la vía pública con agresión leve y exhibicionismo agravado con muñeco de cera de Brendan Perry.

 13 de Julio. Vandalismo y retrovandalismo. Robo de propiedad privada con arma de guerra. Resistencia a la autoridad. Imitación ilegal de Rambo. Consumo de drogas y posterior metamorfosis dentro de patrulla con destrucción total de la misma.

 14 de Julio. Desorden en la vía pública. Destrucción de propiedad del estado. Intento de violación a un oficial de la ley. Lenguaje obseno y portación de cabeza de muñeco de cera de Brendan Perry.

 14 de Julio. Asesinato de dos reos en los calabozos de la comisaría local con dedo índice de muñeco de cera.

 15 de Julio. Destrucción total de parque y jardines aledaños al Parlamento. Arrojar patos muertos a los manifestantes. Portación irónica de símbolo de la paz.

 16 de Julio. Lenguaje obseno y exhibicionismo en TV. Colocación de bomba de talco en el estudio de canal 24. Sustitución de agua por kerosene en los bebederos de canal 24. Suelta de gas nervioso en los conductos de ventilación de canal 24.

 17 de Julio. Generar tumulto público, exaltación y promoción de violencia hacia sí mismo al demostrar crueldad con un muñeco de peluche del payaso Kiki. Apología del linchamiento. Lenguaje soez e imitación de sonidos de animales.

 (Hospitalizado desde el 18 de Julio hasta el 14 de Agosto en la clínica Höggard de quemados)

 14 de Agosto. Asalto con disfraz de Godzilla. Destrucción de estatuas públicas. Robo de alcantarillas. Arrojar alcantarillas sobre transeúntes desde el décimo octavo piso del edificio Sony Ericsson. Ulular como pájaro prehistórico y arrojarse al vacío.

La lista sigue hasta completar cuatro folios.

 

Miércoles sin número (Con sentimientos encontrados, tan encontrados que han colisionado)

Aborrecible diario: Déjame decirte algo acerca de las mujeres ¡No las entiendo! Pero empezaré por el principio para darle orden a todo ésto.

Conocí a Ommm en el Club Nocturno Ano Pro Nobis, allí tocaban bandas amigas tales como Bloodbath, Vomitory y Dissection. Debo decir que estas tres bandas me gustan pero me aburren al mismo tiempo, quizás porque los conozco desde siempre y han perdido la capacidad de sorprenderme. La que si me sorprendió, y gratamente, fue la banda invitada Mass Murderer, integrada por cuatro chicas de aspecto deslumbrante. Y además, la descarga brutal de Black Metal nos revolcó por el suelo a todos. Luego de un set de dos horas (75 minutos más de lo que habitualmente se les permite a las bandas amateurs) la bajista dejó muy en claro su opinión al prender fuego el polvoriento telón del escenario. Bueno, todos saben cómo funciona esto. Las llamas corrieron más rápido que los guardias de seguridad y sus matafuegos. En cuestión de minutos, todo Ano Pro Nobis se convirtió en una antorcha naranja. Hubo caos y dolor, y en ese maravilloso instante, me sentí feliz y pleno de vida. Quise acercarme a Ommm para agradecérselo. De hecho, se lo agradecí salvándole la vida, porque Ommm había quedado atrapada bajo un esqueleto de luces y estaba inconsciente.

Para llegar hasta ella tuve que quemarme un poco, nada del otro mundo, solo el noventa por ciento del cuerpo, más que nada el rostro, los brazos, el tronco, etc.

Pero logré sacarla con vida, y lo más increíble: logré salir con vida yo también.

Afuera estaba nevando y los copos de nieve brillaban de manera inusitada reflejados en las luces de los camiones de bomberos.

Miré a Ommm con ternura, sus rasgos perfectos, su expresión de inocente tranquilidad. Al cabo de unos minutos, ella abrió los ojos, tosió, se convulsionó y luego vomitó largo y tendido.

Se me quedó mirando.

-Estás en llamas-me dijo.

 -Lo sé.

 -No imbécil, estás literalmente en llamas.

 -Oh, no es nada. Me pasa todo el tiempo. Me encantó tu show -dije, un poco nervioso.

 -No me interesa hablar con fans -Contestó ella con un gesto de disgusto. Y al hacerlo me clavó un puñal en el corazón, más doloroso que cualquier tortura física o mental a la que me hubiera sometido por propia voluntad en toda mi vida.

Me quedé parado en medio de la nieve, viendo cómo se alejaba en la noche, con el exquisito marco de un incendio gigantesco, cuatro dotaciones de bomberos, cadáveres y heridos por todas partes y la nieve golpeteando y siseando sobre mi cuerpo prendido fuego.

Creo, querido diario, que estoy enamorado.

 

 

Lunes 25-08 ( Cartas y poemas a Ommm )

La hoja fue misteriosamente arrancada (N. Editor) Falta la correspondencia de Nattramn a Ommm donde le cuenta cómo y porque mató a sus padres, el secuestro del perro, etc

 

Miércoles 27-08 (Regresando lentamente a la anormalidad)

Aquí estoy de vuelta maltratado Diario, te tengo abandonado últimamente, pero es que han sucedido demasiadas cosas y no estoy seguro de querer contarlas todas. Haré un ejercicio de honestidad a pesar de todo, más que nada para poder recordar con justicia ésta época de mi vida, pero a modo de resumen. Los hechos vergonzosos los dejaré al margen para que mi mala memoria los diluya como granos de sal en una sopa bien caliente.

Y lo que tengo que decir es ésto: Ommm.

Ommm se ha convertido en el centro de mi existencia y me cuesta pensar con claridad desde que apareció en mi vida.

Luego de una serie de eventos, de los cuales muchos fueron casuales y otros no tanto, Ommm comenzó a prestarme más atención aunque (Oh pesadilla de todo enamorado) no el tipo de atención que yo anhelaba. Frente a la desaparición de su perro y luego, la de sus padres. Ommm comenzó a dirigirme la palabra. Brevemente la mayoría de las veces, con largos insultos, las otras.

Nos citamos en un hangar abandonado en las afueras de Malmö y allí, finalmente le devolví a su perro, el desobediente Menguele. Ommm parecía furiosa pero cuando escuchó los ladridos corrió a abrazar al pobre animal que temblaba y no dejaba de lamerle la cara. Y entonces al verlos tan felices, me acerqué a Ommm y la abracé con alegría, intentando formar parte del cuadro. Ahí fue cuando Ommm me apuñaló en el estómago. Reiteradas veces.

Mientras ella me apuñalaba con frenesí y me gritaba algo acerca de sus padres (nunca le dije que no sufrieron en lo más mínimo) yo intentaba acariciarle el pelo. Ommm tus ojos son abismos y con gusto me dejaré caer en ellos. Ommm nunca me ha pasado esto antes, tengo miedo y alegría y nostalgia y dolor al mismo tiempo ¿Que debo hacer? ¿Me ayudarás?

Pero Ommm ya corría con Menguele hacia mi Van, y en unos segundos desaparecieron de mi vista haciendo chirriar las gomas en el pavimento de la ruta.

Me quedé solo en el hangar, acostado en un charco de sangre y con una debilidad cada vez más aplastante. A duras penas logré abrirme la camisa para contemplar las heridas. Bueno, no eran tan graves. Un poco por encima de la boca de mi estómago, estaba mi ofrenda de amor hacia Ommm. El regalo que no había llegado a mostrarle.

La oreja de Menguele estaba cosida a mi esternón y había tomado un agradable color amarillento. Era mi forma de decirle que me tomaba las cosas en serio. Que podía hacer parte de mí cualquier cosa que ella quisiera.

Luego, a medias desmayado, lo que confundí con el Ratoncito Mikkelsen era en realidad una gorda rata negra que mordisqueó mi injerto con entusiasmo.

Pensando en Ommm, y en los avatares de la vida, me largué a llorar.

 

 

DIARIO DE OMMM

Jueves 04-09 (¿Comprometida solo con la causa? No te mientas Ommm)

Me siento a escribir en estado de ebriedad, lo que no siempre arroja resultados literarios pero suele tener propiedades balsámicas y curativas en lo inmediato. Creo que por ahora, eso es suficiente para mí. Ah mi pobre corazón de bruja comienza a ablandarse.

Desde las nubes vaporosas de la lluvia etílica, hago garabatos como una chica de secundaria en el espejo empañado del baño. Escribo mi nombre, dibujo un corazón, y dentro del esquema, la inicial de su nombre. Ahí me quedo y parpadeo y hago muecas como una chiquilla ¡Que tontas somos las mujeres a veces!

Pero no me decido. No me decido. No logro decidirme.

El idiota de Nattramn me ha secuestrado dos veces desde que lo apuñalé. Y eso no ayuda. La primera fue solo por un día, el muy atrevido se coló en mi cuarto a la madrugada y me durmió con cloroformo. Desperté unas horas después en un cuartucho de madera, y allí estaba él, con esa sonrisa torcida y su cabello grasoso pegoteado al cráneo. Pero se había esmerado en producirse (al menos eso) y llevaba un traje oscuro a rayas, como el que usan los gánsters en las películas, y una corbata que hacía juego con el pañuelito que sobresalía del bolsillo del saco. Toda una postal, viniendo de él.

Cuando me habló, lo hizo con torpeza y me dijo un montón de cosas absurdas, creo, porque además yo me sentía muy mareada, en algún momento me recitó un absurdo poema que hablaba de sapos verrugosos y ratones mágicos. Un disparate.

No tardé en golpearlo en la cabeza con una tetera (no tengo idea de porqué había una tetera en el cuartucho de madera, pero así es) y escapé por una ventana.  Corrí por un bosque durante horas, en camisón, descalza y con temperatura bajo cero, con Nattramn persiguiéndome y gritándome estrofas de su poema y demás párrafos de cartas que según él, nunca quise aceptarle.

Luego llegué a una ruta, me levantó un camionero y el resto es historia conocida.

El segundo secuestro fue mejor planificado. No dejo de admirarme de la persistencia de este hombre.  Simplemente, me levantó de la calle cuando iba a trabajar, en una maniobra que podría definir como cinematográfica, cruzó su horrible Van en la acera, se bajó con un disfraz de cerdo que me dejó bastante shockeada, tomó mis manos, me las esposó con suavidad y me cargó en la parte de atrás del vehículo. Todo bajo la asombrada mirada de los peatones que poblaban el cruce de la avenida. Me tomó tan de sorpresa que no ofrecí resistencia. Para ser honesta, debería decir que comenzó a divertirme un poco la situación con Nattramn.

En este mismo momento, mientras escribo estas líneas. Nattramn me mantiene esposada a un radiador en un viejo motel de las afueras de la ciudad.  Me ha preguntado si tenía hambre y si me conformaba con pizza y le dije que sí. Que por mí estaba bien. Así que por primera vez, he visto en sus ojos un destello de alegría. Tal vez, más que alegría, se trate de otra cosa. ¿Alivio? ¿Paz? No puedo definirlo todavía.

Mientras mi secuestrador busca mi cena, me siento extrañamente tranquila.

Tengo la certeza de que mi colega de banda, Killing Cats, ha recibido mi mensaje, y en cuestión de horas tendremos a todo un batallón de fans de Mass Murderer dispuestos a desmembrar al hereje. Pero mientras tanto, tal vez nos besuqueemos un rato.

Cambio y fuera.

 

Diario de Nattramn

Martes 09-09 ( Ahora que lo más difícil ya pasó y que lo peor aguarda allá adelante)

Hola de nuevo. Hoy intentaré poner en práctica mis dotes narrativas ya que los sucesos de estos últimos días lo exigen. No sin una pizca de orgullo, pienso que en el futuro, cuando alguien (tal vez yo mismo) lea este diario, se me juzgará por muchas cosas, pero no por faltar a la verdad, y ciertamente no por ir en contra de mi corazón.

El embrollo arranca con Ommm y mi enamoramiento de flechado por cupido, tan fuerte como un mazazo en la cabeza y prácticamente igual de inesperado. La situación con Ommm, en estas semanas, me ha llevado desde lo absurdo hasta lo ridículo, muy a mi pesar. Pero hace unos días sucedió lo inesperado: Ommm me ha retribuido algo de amor.

(En esta parte, el diario aparece tachado y borroneado, pero por debajo de las tachaduras, se adivina un poema que no logramos reproducir. Nota de Editor)

En un viejo Motel perdido en los bosques del Norte, dejé a Ommm encadenada a un radiador, con la única compañía de una botella de Whisky y unos cuantos papeles y lápices. En mi rápida excursión en el pueblo cercano compré una pizza, cervezas y una ballesta con unas cuantas flechas con punta de plomo. Firmé algunos autógrafos a unos fanáticos de Silencer (los odio, están por todas partes) que me crucé en el estacionamiento y volví rápidamente al Motel.

Me encontré con Ommm bastante ebria y con una mirada extraña que me puso nervioso.

Dejé la ballesta debajo de la cama y me dispuse a liberarla para compartir nuestra frugal cena. Pero Ommm me besó.

(Nota del Editor: Nuevamente aparecen tachaduras en el diario, el texto se vuelve borroso y solo aparecen palabras aisladas durante dos páginas; fuego volcánico, mordiscos, blanca piel de estatua griega, cicatrices, Ommm y su bruxismo, oreja amputada de Menguele, ratoncito Mikkelsen, susurros, pus y crema batida, cosquilla de pies con víctima aullante,  sabor de tus besos, holocausto por radiación, síndrome de Estocolmo, clímax perfecto para el pez banana, cabeza de cera de Brendan Perry, orgasmatrón, exhaustos de pasión, etc )

Y allí nos quedamos, tirados en el cama con un hormigueo en todo el cuerpo. Ommm intentó prender un cigarrillo pero no logró levantar la mano. El radiador estaba encadenado a su mano, arrancado de la pared y compartiendo la cama con nosotros.

Le encendí el cigarrillo y bromeé acerca del extraño ménage à trois con el artefacto.

Ommm rió con ganas. Sus ojos estaban bien abiertos y lucían radiantes. Y yo tomé sin permiso una instantánea mental para atesorar por siempre.

Ella me dijo: -Nattramn. No lo tomes a mal pero debo decirte algo.

-¿Qué es, hermosa calavera mía?

-Los fans de Mass Murderer vienen por ti. Le pasé la dirección del Motel a Killing Cats y ya sabes cómo es ella. Creo que te odia.

-Oh…Supongo que deben ser celos.

-Nop. Estoy bastante segura de que odia.

-Mmmmmmmh.

En ese momento, alguien derribó la puerta de una patada y tres hombres entraron en la habitación. El que entró primero tenía el aspecto de un guerrero Vikingo, con una barba trenzada que le llegaba hasta la mitad del pecho y gruesos bigotes con forma de manubrio, detrás de él, los otros dos parecían hienas a punto de darse un festín con una gacela vieja.

Pero yo no era ninguna gacela. Y podría confirmar con Ommm tampoco.

Las cosas, cuando se precipitan, suceden a una velocidad alterada. En realidad, no sabría explicar como sucedió todo, pero lo importante es que logré desempeñarme con la velocidad y sangre fría necesarias.

Mi bota con clavos se incrustó en las pelotas del Vikingo con precisión quirúrgica y casi al mismo tiempo arrastré a Ommm fuera del rango de acción, Ommm se enroscó a mi cuerpo como si bailásemos un tango, con el radiador todavía encadenado a su muñeca y describiendo un arco mortal, que solo fue interrumpido con un fuerte “Klonnnnng”  cuando la cabeza de la hiena 1 se interpuso torpemente en su camino.

Nos caímos detrás del sofá justo a tiempo para esquivar las primeras balas y Ommm me susurró en el oído que la hiena 2 se llamaba Olaf y que había sido, en su temprana adolescencia, su primer novio y campeón de tiro en las para-olimpíadas Europeas.

Con un gruñido realicé una pirueta desde el sofá hasta un costado de la cama, mientras la hiena Olaf, envalentonado, caminaba perpendicularmente por la habitación para aumentar su rango de tiro.

Los disparos silbaban sobre mi cabeza, pero tuve tiempo de ponerme mi máscara de cerdo, manotear la ballesta y sostenerla firmemente apuntando a la cabeza de mi enemigo.

La hiena Olaf titubeó una milésima de segundo al ver que un cerdo le apuntaba con una ballesta cargada.

Tal vez, incluso, tuvo tiempo de ver como la flecha salía disparada en dirección a su entrecejo. Tal vez, incluso, pudo oír el pegajoso sonido que hizo al incrustarse en su frente, atravesar su cerebro y salir por la parte trasera de su cráneo, dejándolo clavado en la puerta del baño. Pero no creo que, después de eso, haya sentido como sus pantalones se mojaban con su propia orina, ni sus tacones repiqueteando en el piso de parquet como si ejecutaran el último tap de su vida. No, no creo que se haya percatado.

Salimos del Motel con cautela, con la ballesta cargada y Ommm semidesnuda y con el radiador colgando de su muñeca.

Afuera no había nadie, era una noche oscura como el infierno y comenzaba a nevar nuevamente.

Subimos a mi Van y encendí el motor.

-La calefacción puede tardar unos minutos- Dije, como para decir algo.

-Sabes que vendrán más, Nattramn. Personas como nosotros nunca podrán ser felices. Lo sabes ¿verdad?

-Yo no creo en los clichés –le respondí. Y estampé un beso en sus labios pálidos con mi máscara de cerdo todavía puesta.

Ommm me devolvió el beso y procuró con gracia felina disimular sus lágrimas.

Después, como en una mala película de terror. Nos perdimos de vista en un camino tenebroso.

Y nunca jamás el mundo volvió a escuchar de nosotros.

 

FIN.

 

 

 

 

20.2.14

Pastores del Crepúsculo


                          

"En este mundo que habitamos, todo está sujeto  a cambios continuos e inevitables”    

                           Jean-Baptiste Lamarck

                     



Son los primeros días de primavera en la isla, pero aún falta mucho para que llegue el tiempo cálido. Son esos días en que la luz permanece envuelta en una bruma constante que no retrocede ni siquiera a mediodía y hace que todo luzca descolorido y opaco. El amanecer está cerca, pero el cielo está cargado de nubarrones y desde la boca del acantilado trepa una niebla espesa que rodea los riscos y los monolitos del antiguo templo de los hombres. En las praderas cercanas, innumerables siluetas grises duermen acurrucadas unas contra otras bajo la tormenta.

Mientras nos preparamos para salir, la lluvia arremete con furia contra el domo de piedra. Falta todavía una hora para el alba y el frío se nos instala como una aguja en el espinazo.  Mis hermanos estiran las patas y bostezan con sus hocicos envueltos en vapor, pero sus miradas están despabiladas y brillan como brasas en la penumbra del canil.  Schnauze es el más chico de la manada, y es también el más perezoso, permanece con los ojos entornados y nos observa desde su rincón hecho un ovillo. Su postura parece decirnos que no le importan nuestros asuntos y obligaciones, y que preferiría quedarse durmiendo cómodamente al reparo de la intemperie. Pero Schnauze ya no es un cachorro y sus hermanas mayores se lo recuerdan de manera brusca. El ladrido seco rebota en las paredes y se amplifica en nuestros oídos. Son tiempos difíciles y necesitamos que todos los miembros se esfuercen al máximo. Uno a uno salimos y nos sentamos bajo la lluvia. El joven agacha la cabeza y sale también, con andar cansino, luego se sienta a mi lado en la oscuridad, a la espera de instrucciones.

En total somos siete. Una familia joven pero diezmada a fin de cuentas. Árbol, nuestro padre y líder, nos ha contado que en tiempos de gloria, cuando el gran Bismark regía estas remotas tierras, las ovejas estaban libres de mutaciones y se contaban por miles, y las jaurías de pastores formaban una sola familia de cientos. Pero eso no lo habíamos visto nosotros, ni siquiera lo habían visto nuestros abuelos, lo de Bismark era quizás, una leyenda entre muchas, trasmitida de padres a hijos en las noches oscuras para que la vida en la isla no pareciera tan mala. Árbol siempre nos cuenta estas historias, y cada vez que lo hace lo escuchamos con atención, pero a diferencia de mis hermanos, yo no creo en ellas. Al menos no con el corazón. Creo que mucho daño hemos sufrido ya como para permitirnos depositar esperanzas en estas fantasías.

Kreischen y Niebla se ubican a mi derecha, mis hermanas menores. Nuestro orgullo y esperanza. Kreischen es flaca y de aspecto enclenque, pero su delgadez resulta engañosa ya que posee una ferocidad inusual para su tamaño. De carácter explosivo, es propensa a perder los estribos y confrontar ante la menor señal de amenaza, lo que nos ha acarreado más de un problema. Por otro, lado, a la hora del combate, siempre me he alegrado de tenerla a mi lado. En cambio Niebla parece tallada en otra madera. A pesar de pertenecer a la misma camada, su contextura robusta la hace parecer mayor a su hermana. Su pelaje es oscuro y sedoso y se torna dorado hacia el hocico y la punta de las patas, lo que le da un aspecto llamativo. Niebla posee el temperamento opuesto a Kreischen, ella es fría y racional, de pocas palabras. Niebla siempre mira a los ojos, y parece atravesarte cuando lo hace. Desde el principio ha sido la favorita de Árbol, sin ocultamientos ni malicia, simplemente es algo que todos tenemos presente.

Luego quedamos nosotros tres: Marzo, Gespenst y yo, Hahn, los jóvenes pastores del perímetro Norte; los tres machos más robustos en toda la isla.

Árbol nos contempla a todos desde sus ojos severos, parece medirnos uno a uno y sopesar el éxito o el fracaso de la arriada. No necesita explicarnos el trabajo, ni los peligros que implica. Ya todos hemos aprendido sus lecciones y hemos sufrido sus castigos. Sin embargo, esta arriada será la primera para el pequeño Schnauze. Confío en que mantenga los ojos y las orejas abiertas y no meta la pata, por su propio bien. Gespenst, mi hermano de camada, adivina mis pensamientos y me muestra los dientes en señal amistosa. Sus ojos dorados parecen sonreír. No te preocupes me dicen sus ojos. Schnauze lo hará bien.

El ladrido de Árbol nos pone alerta, es un sonido corto y seco. La señal de largada. Como si estuviéramos sujetos a un resorte invisible, nos ponemos en movimiento. Bajamos la colina al trote, a un ritmo parejo y sin perder la formación. Kreischen y Niebla comienzan a ladrar órdenes a la masa confusa de animales, que enseguida despierta y se incorpora con ojos asustados. Son cuatrocientas ovejas y deben llegar sanas y salvas al extremo sur de la isla, según los parámetros de Árbol, a trescientos cincuenta meilen contando desde aquí. Yo no sé mucho de mediciones, pero me basta saber que con suerte, nos llevará entre cuatro y cinco días, está claro que no se trata de un mapa imaginario y que tampoco se trata de un recorrido en  línea recta. Salvo el pobre Schnauze, el resto de nosotros entiende lo que realmente implica. La Maquinaria Gänsenhaut nos espera en el predio Sur. Y es una presencia a la que todos tememos. Sin embargo, procuramos no pensar demasiado en eso. Tenemos un trabajo que hacer y nos consumirá todo nuestro tiempo y energía.

Rápidamente rodeamos al montón informe y ocupamos nuestros lugares estratégicos, luego, a la señal de Árbol, comenzamos nuestra faena. Esta primera etapa, es ardua pero no demasiado complicada, consiste en agrupar a las ovejas en una formación lo más compacta posible y hacerla avanzar en una dirección determinada. Una vez que se consigue hacer marchar al grupo como si fuera un solo individuo, lo demás funciona casi por inercia. Tal vez se deba a nuestra naturaleza, siglos y siglos haciendo algo para lo que casi no necesitamos entrenamiento, como si lo aprendido por nuestros antepasados se hubiera ido perfeccionando en nuestra memoria genética hasta quedar plasmado para siempre. Lo cierto es que aquí estamos, una vez más, haciendo lo que nuestra sangre nos pide que hagamos, y procurando hacerlo bien para no contrariar a la Maquinaria Gänsenhaut.

Con cierta dificultad, subimos por la colina y enfilamos hacia el camino de piedra dándole la espalda al mar. La lluvia golpea contra nuestros pelajes y el de las ovejas, nos empapa, pero no detenemos nuestra marcha. De mi lado, unos cien metros por detrás, oigo los alegres ladridos de Schnauze y las recomendaciones que le da Marzo para que no deje que se disperse su sector. Los ladridos deben ser cortos y fuertes, los mordiscos deben ser suaves pero firmes. Casi me parece oír al viejo Árbol entrenándome a mí y a mis dos hermanos cuando teníamos esa edad.

A medida que avanzamos, conforme nos alejamos del mar, la bruma va cediendo y la tormenta nos da algo de tregua, todo esto hace que nuestra visibilidad mejore y también nuestro humor. Hacia el Oeste, las grises estribaciones descienden hacia el océano como una dentadura gigantesca, las enormes moles de piedra se ven borrosas y envueltas en nubes pero aun así son imponentes.  En nuestro recorrido hacia el Sur, dejaremos atrás el macizo montañoso y nos iremos adentrando en la isla,  subiendo y bajando colinas a través del valle verde y del bosque de Schlund, donde la comida y el agua no constituyen un problema, pero donde nos aguardan los lobos.

Estos lobos no son del todo animales, al menos no como lo somos nosotros, o las ovejas, o las gaviotas que pescan en los acantilados. Estos lobos lucen como lobos pero en realidad son parte de la Maquinaria Gänsenhaut, una parte de la Maquinaria que se pervirtió y se rebeló del programa inicial hace muchos años. Según Árbol, a los lobos no les gustaba el rol que les habían asignado, no les gustaba que se los usara como verdugos para restablecer el orden natural del ecosistema, odiaban las órdenes, que les dijesen cuando podían alimentarse y cuando pasar hambre, entonces se multiplicaron sin control, formaron clanes y comenzaron a atacar a los nuestros, a las ovejas, y a todas las criaturas dentro y fuera del protocolo, sin concesiones.

Durante años, la Maquinaria libró una guerra contra ellos, enviando pequeñas máquinas cazadoras y diseñando enfermedades que pudieran afectarlos específicamente sin dañar al resto de las criaturas. Pero los lobos sobrevivieron, no todos, pero si algunos, y se volvieron más duros, más inteligentes, inmunes a cualquier amenaza. En el presente quedan solo dos clanes de lobos en la isla, El clan de Caranegra que consta de ocho miembros adultos, y el Clan de los Fantasmas que consta de siete adultos y cuatro cachorros. Por suerte para nosotros, estos clanes están también enemistados entre sí, disputándose permanentemente territorios de caza y gastando una gran energía que de otro modo nos caería encima. Aun así, es peligroso olvidar que ambos clanes nos superan en número y que nos odian a muerte.

Se me encoge el corazón al recordar la muerte del hermano Pájaro en las fauces del mismísimo Caranegra, el sonido de su cuello al partirse y la expresión de sus ojos al apagarse su chispa vital. Pájaro, a quien yo admiraba más que a nadie. Luchó con valentía, pero no tuvo ninguna oportunidad. Escapamos por milagro ese día, heridos y desalentados por la muerte de nuestro hermano. Nos costó cuatro días reunir de nuevo el rebaño, un rebaño al que le faltaba la cuarta parte de sus ovejas. Los lobos son maestros en el arte de la emboscada, a lo largo de nuestros viajes, muchas veces nos han sorprendido con la guardia baja. En ocasiones, conformándose con llevarse algunas ovejas, en otras, concentrando toda su furia en nosotros.

Pensar en todo esto me pone de un humor extraño y volátil. Siento deseos de vengarme, de destrozarlos con mis dientes, desgarrar su carne y beber su sangre. Pero sé que es una fantasía. Muchas veces hemos luchado contra los lobos, y la realidad es, que sin ayuda de la Maquinaria y superados en número, enfrentarlos abiertamente es un acto suicida.

El trabajo me distrae de mis recuerdos. A través del balido del rebaño y el golpetear de sus patas en el  empedrado, distingo los ladridos de Árbol pidiéndome que me adelante y haga de guía para que las ovejas giren hacia el Sureste. Debemos estar llegando a la bifurcación de las tres piedras. Marzo, que está guiando solo a la cabeza, necesita ayuda, si algunas ovejas escapan hacia el lado equivocado de la bifurcación, se meterían en un laberinto de roca y espinillos, una especie de espiral natural lleno de callejones sin salida y traicioneros pozos a los que Niebla nombró “quiebra-patas”, además, sacarlas de allí nos llevaría el resto de la jornada.

Me adelanto a la carrera mientras tiro mordiscos a las ovejas que se separan demasiado del grupo. Algunas me miran asustadas y corrigen su rumbo enseguida. Las ovejas son estúpidas, o tienen un lenguaje básico que no es difícil de entender. Nunca entablamos diálogo directo con ellas, salvo lo justo para que actúen como esperamos que lo hagan. Hablarles de igual a igual en vez de utilizar ladridos y mordiscos sería útil,  pero también sería considerado deshonroso, una falta de respeto a nuestra memoria atávica. Mientras me acerco a la cabecera del rebaño, disfruto del viento renovado que me llega desde el Oeste.  Los perfumes de flores silvestres, hierbas nuevas y tierra fértil me invaden y me aportan calma. Para nosotros, estar más de la mitad del año junto al Mar, significa que nuestro olfato se impregne de salitre y algas podridas, un hedor que tapa los aromas más sutiles, que impide que mantengamos nuestros sentidos afilados y que en definitiva, nos saca de quicio.

Llego junto a Marzo justo a tiempo y con fuertes ladridos y dentelladas impedimos que el grupo se bifurque hacia el pasaje. Poco a poco, mientras las ovejas enfilan hacia el Sur, hacia el valle que se divisa como un resplandor verde por encima de las lomadas, Gespenst irá adelantándose por el otro flanco, hasta quedar guiando a la cabeza. Estos movimientos rotatorios fueron perfeccionados a través del tiempo por las sucesivas generaciones de pastores. No sabemos quién inventó esta técnica pero seguramente es anterior al Gran Bismark, lo importante es que funciona. Cuando el rebaño haya pasado, la rotación nos colocará a Marzo y a mí, en la retaguardia del grupo, Árbol y Shnauze quedarán a la cabeza, Niebla y Gespenst a la izquierda y Kreischen a la derecha.

Trotamos hacia el Sur–Sureste a buen ritmo, la lluvia se ha transformado en llovizna y el cielo luce revuelto. Niebla lanza ladridos de expectativa y Gespenst le responde con su vozarrón alegre. Estamos en camino dicen sus ladridos. Todo va a salir bien.

       Después del mediodía, el tiempo avanza resuelto hacia adelante, el viento despeja la tormenta y sentimos con gratitud los rayos de un sol tibio en el lomo. En esta parte del trayecto, la hierba húmeda comienza a reemplazar a los duros terrenos de esquisto cercanos a la costa. De aquí en más, mientras nos adentramos en el corazón de la isla, los prados fértiles se van intercalando con pinares y grupos de hayas de hojas azules, el follaje se vuelve más denso y apretado también, reduciendo el camino a un ancho de apenas seis o siete metros, una zona que llamamos “camino de víbora” y que desemboca, luego de unos diez meilen, en la última pradera verde y espaciosa donde las ovejas podrán pastar y descansar. Es en este claro de pastos tiernos donde pasaremos la noche. Más adelante nos espera el bosque de Schlund, un entramado tan exuberante y extenso que nos provoca admiración y temor al mismo tiempo. Schlund, con sus árboles extraordinariamente altos y antiguos, tan enormes que ya se ven en la distancia como un paredón gris que se confunde con las nubes.

El escolta enviado por la Maquinaria Gänsenhaut nos espera en el medio del claro. Es una criatura oscura y elegante, y sentada como está, en posición relajada, no parece más corpulenta que Árbol, sin embargo, todo en su fisonomía nos dice que se trata de un animal mucho más poderoso. Nos observa con curiosidad mientras nos acercamos a él y dejamos que las ovejas se dispersen para pastar a su antojo. Nos sorprende su porte y su mirada fría. Bajo sus zarpas hay algunas liebres muertas, seguramente un obsequio para nosotros, una señal de buena voluntad.

Estos rituales son importantes. Cada primavera, la Maquinaria Gänsenhaut nos envía un escolta guardián para atravesar el bosque de Schlund.  A veces se trata de alguna criatura viva, a veces no. Este escolta tiene aspecto animal, pero no pertenece a la familia de los canis. Su pelaje es de un negro profundo y aterciopelado y sus ojos son dorados como el ámbar. Jamás hemos visto un ser semejante en toda la isla. Instintivamente, nos quedamos a una distancia prudencial y observamos con recelo como Árbol se reúne con él.

Nuestro Padre cumple con las formalidades, se saludan, cruzan pocas palabras y se huelen un momento. Luego, el guardián nos dirige un rápido vistazo y se aleja a la carrera hacia la entrada del bosque. Nos reuniremos allí al alba, cuando reanudemos la arriada hacia el Sur. A estos guardianes, por lo general, no les agrada la compañía y solo están allí para cumplir con su cometido.  Es mejor así, ya que a mis hermanos y a mí tampoco se nos da muy bien socializar con extraños, mucho menos cuando se trata de animales que no identificamos a simple vista. Con respecto a la comida, no tenemos reparos. Estamos hambrientos y nos arrojamos encima de las liebres tan pronto como el guardián se pierde de vista. Kreischen y Schnauze comienzan a disputarse una pieza, tironean y gruñen mientras intentan desgarrar la carne y quedarse con la mayor parte. Cada vez que Kreischen sacude sus mandíbulas, las patas del pobre Schnauze se despegan del piso y vuelan cómicamente por el aire. Nos acercamos y formamos una ronda alrededor del revuelo, alentamos a uno u otro contrincante y causamos alboroto, por un momento, nos sentimos nuevamente como cachorros jugueteando en los campos de pastoreo.

Árbol pone fin a la algarabía. Sus ladridos suenan como estampidos. Nos recuerda la importancia de comportarnos con disciplina y compartir la comida, pero sobre todo, el peligro que implica bajar la guardia en el linde del bosque. El centinela enviado por la Maquinaria Gänsenhaut no es garantía y en el pasado hemos pagado con sangre el exceso de confianza. El viejo Padre nos mira uno a uno mientras nos dice estas cosas. Parece más preocupado que enojado. Todos sabemos que tiene razón y sentimos vergüenza por nuestra estupidez. Incluso Niebla que siempre se mantiene al margen de las travesuras, acepta su parte de culpa, asiente y baja las orejas. Como castigo por su comportamiento, Árbol ordena a Kreischen y Schnauze retirarse a vigilar el rebaño sin probar bocado. Ambos obedecen sin chistar y se marchan de inmediato. El resto de nosotros compartimos la cena en orden y silencio. No habrá cuentos de la Era de Bismark esta noche. Por mi parte, no tengo problemas con eso.

Poco a poco la luna se hace visible, luce como un arco filoso cuya luz no logra impedir que la oscuridad cierna sus dedos sobre nosotros, es una noche húmeda y fría, pero al menos no llueve. Luego de la cena, camino junto a Gespenst hacia el rebaño; uno a uno, ocuparemos nuestros lugares para pasar la noche y cuidar de las ovejas. Dejo a Gespenst en su sitio y sigo hacia mi lugar en el extremo sur. Paso junto a Schnauze que está acurrucado junto al lomo peludo de una oveja y sus ojos brillantes me observan con ansiedad. Siento pena por él. Sé que la primera arriada es la más difícil, y sé que debe sentir hambre y frío, pero no se me permite mimarlo como a un cachorro pequeño. Debe madurar rápido y hacerse fuerte por el bien de la familia. Le dedico un saludo corto y sigo hasta ocupar mi lugar.

Desde mi puesto, alcanzo a ver el borde del bosque como una sombra recortada entre las sombras. Pienso que el guardián debe andar por allí,  fundido en la negrura como una gota de tinta en la brea. Me pregunto qué clase de pensamientos cruzarán por su mente, en el caso de que tenga una.  En otras ocasiones hemos visto guardianes con aspecto animal y sin embargo, bastaba olfatearlas o verlas moverse para darnos cuenta de que eran artefactos envueltos en piel, sin sangre, sin espíritu. Parodias grotescas que la Maquinaria nos enviaba para ayudarnos en el trecho más peligroso, pero que nos ponían los pelos de punta y nos causaban más recelo que los propios lobos.

Este último guardián no pertenecía a ese tipo, era un hijo natural de la tierra, pero proveniente de algún lugar remoto. Lejos de tranquilizarme, pensar en eso me inquieta. Por mi cabeza se cruzan preguntas que ya me he hecho antes, preguntas que según Árbol, conviene no formularse. Cansado de mi insistencia, Árbol me ha contado que las jaurías del pasado apenas tenían inteligencia suficiente para obedecer órdenes simples, y que en esos tiempos no existían palabras sino un proto-lenguaje muy básico. Esa forma de comunicación esencial era la perfección y los pastores vivían y morían en una burbuja de bienestar e ignorancia. Árbol, me dijo también que nuestro deber es volver a ese estado primitivo, cercano a la naturaleza, y que por eso, a cada generación se le enseña menor cantidad de palabras.

Cierro los ojos y le doy vueltas al asunto, me entristece que nuestra raza elija deliberadamente volver hacia atrás, ¿acaso no es un deseo contrario a las leyes naturales? Me gustaría discutir estos temas con Padre pero adivino el resultado: lo encolerizaría y me ganaría un castigo. En voz muy baja, me repito palabras prohibidas, palabras que Madre me susurraba cuando era un cachorro, palabras que se suponía, no debía aprender jamás. Los sonidos rebotan en mi paladar, y sus significados rebotan en mi mente. Si desaparecen todas las palabras ¿Cómo haremos para sujetarnos a la realidad? Antes de entrar en un sueño liviano me pregunto si la Maquinaria Gänsenhaut comprenderá el significado de las palabras tal como lo hacemos nosotros.

Aparezco en otro lugar, mi estado de ánimo es sereno. Vadeo sin prisa el cauce de un arroyo. Schnauze está conmigo, con el hocico pegado al pedregal húmedo, de tanto en tanto, levanta la cabeza y me mira con ojos brillantes y alegres. Es un día lleno de luz, de aromas nuevos y estimulantes y pareciera que hay un millón de cosas por descubrir. Cardúmenes de peces plateados se arremolinan en las aguas poco profundas junto a la orilla, y el sol dibuja chispazos en sus siluetas. Del otro lado del arroyo hay una serie de lomadas desparejas donde unos cerezos de troncos negros se asoman sobre el agua. Es otoño. Apenas pasado el mediodía. Una repentina brisa arroja sobre la corriente una lluvia de pétalos blancos que son arrastrados hacia el corazón del bosque como una pequeña flota de navíos. Schnauze, lejos de apreciar la singular belleza del entorno, se aferra a un nuevo rastro con ansiedad, sus movimientos se vuelven frenéticos y veo cómo se erizan los pelos de su lomo. Su ladrido corto me arranca de mi pereza y  contagia electricidad a mi sistema nervioso. ¡Un ciervo!

Mi hermano menor sale disparado como una flecha y yo lo sigo a toda velocidad con una sonrisa de oreja a oreja. Descendemos por la suave pendiente de la colina, por un pinar abierto y sembrado de helechos que crecen por encima de nuestras cabezas. Debemos ser rápidos pero también tener cuidado ya que el camino está lleno de troncos caídos y de piedras cubiertas de líquenes, afiladas como cuchillos.

Ahora yo también percibo el rastro, es un olor intenso, de animal joven, un macho recio y fuerte. Debo advertirle a Schnauze que no se fie demasiado, los cuernos de un ciervo pueden ser mortales si se comete la torpeza de acorralarlo.

Schnauze es un borrón negro y escurridizo unos metros más adelante. Mientras lo persigo por el follaje verde y luminoso, casi surreal, me asalta una idea que me causa perplejidad. La confusión crece cuando caigo en la cuenta de que estamos persiguiendo a un animal que jamás hemos visto en la isla y que sólo conocemos por las historias que nos contaba Padre. Ni siquiera sabemos que aspecto puede tener un ciervo, entonces, ¿cómo es posible que estemos persiguiendo a uno?

“Algunos juegos son mentiras de la mente” me dice la voz de Madre, pero ya mi temor está creciendo por encima de sus palabras.

Un bramido retumba en el bosque y luego se oye un alarido, la voz de Schnauze convertida en un grito de dolor. Mi sangre se hiela.

Sin embargo, el miedo no me paraliza, mi cuerpo se pone en movimiento sin que mis pensamientos interfieran, fluye como un líquido en dirección hacia el sonido, todo lo que importa ahora es Schnauze. Y eso es lo que me repito mientras lo busco. En ese frenesí, soy todo músculos y tendones, esquivando, contorsionándome, cobrando impulso para correr más y más rápido.
Y entonces lo veo.                      
 

 
 



Erguida en medio de un brezal, una bestia aterradora me clava la mirada. Bajo una de sus patas está mi hermano. Su cabeza desprendida del tronco expulsa sangre a borbotones y el cuerpo, pequeño y vulnerado, tiembla entre estertores. El monstruo me enseña los dientes, la cabeza coronada de cuernos y los ojos amarillos y malignos. En medio de mi espanto sé que he visto esos ojos antes. Son los mismos ojos del guardián.

Marzo me despierta con un ladrido de alarma, y antes de poder comprender lo que sucede, me veo arrastrado por el caos. Las ovejas corren fuera de control hacia el sendero, algunas están lastimadas y el olor a sangre flota en el aire.

Por puro instinto,  Marzo y yo comenzamos a morder y ladrar con la intención de ordenar las filas. Pero el terror que las invade es una fuerza incontenible y nos perdemos con ellas en el interior del bosque. Con el corazón desbocado, miro en todas direcciones y agudizo el oído. Oigo los ladridos de todos mis hermanos, pero no los de Schnauze ni los de Padre.  Los lobos nos deben haber empujado desde atrás, desde el claro hacia el sur, a sabiendas de que no hay vuelta atrás una vez que nos arrastren hacia adentro, por la boca del embudo que conforma la entrada. Una vez en la espesura, con las ovejas encabritadas y perdidas, seremos presa fácil, nos irán cazando de a uno, hasta que no representemos mayor peligro que una simple liebre.

Estas ideas cruzan mi cabeza en pocos segundos, pero no logro entender como nos han emboscado desde atrás. Resulta imposible que no los hayamos visto, olfateado o presentido. Con Marzo a mi derecha, nos abrimos paso hacia adelante, en dirección a la oscura abertura del camino principal. Mientras las ovejas chillan, se chocan entre sí o se enredan en los pastizales, nosotros logramos avanzar y superarlas. Más adelante, en medio de la oscuridad, oímos los ladridos de Kreischen y corremos a su encuentro.

¡El guardián se ha llevado a Schnauze hacia el interior del Schlund! Nos dice con sus ojos muy abiertos. Y agrega. Padre ha ido tras ellos.

Sin perder un segundo corremos juntos por el bosque. Los tres somos el mismo espíritu. No hay tiempo para la confusión o la duda. Donde no funciona la vista lo hace el olfato. Intento anular el horror de mi reciente sueño, pero la semejanza es demasiado concreta.

Ahora las ovejas han quedado atrás y apenas oímos sus balidos. Confiamos en que nuestros hermanos restantes establezcan el orden. El terreno húmedo cede bajo nuestras patas pero pronto llegamos a la zona de la vieja cascada donde el suelo es más duro. Allí hay una colina de piedra con escalones de fácil acceso, y del otro lado, el camino se abre entre abetos y moras.

Antes de llegar a la parte alta de la cascada, una silueta gris se interpone en el camino. Sus ojos son rojos y espectrales. Es uno de los lobos más viejos, el hermano de Caranegra. Con infinito desprecio, me muestra una dentadura ensangrentada. Detrás de él, un bulto pequeño y familiar yace inmóvil. Mi corazón arde como el fuego. Sin dejar de correr nos lanzamos hacia el lobo en un solo rugido. Chocamos, nos entrelazamos, mis colmillos encuentran su carne y ya no lo suelto. La expresión final de mi hermano Pájaro, parpadea en mi mente por un instante. Un lanzazo ardiente en un costado me arranca un gruñido. El olor de la sangre, mi propia sangre, mezclada con la de todos, me embriaga. La pelea se convierte en un revoltijo encarnizado. De pronto, el guardián nos ataca, y allí están los otros lobos, caen sobre nosotros convertidos en un millón de zarpas y colmillos. Caranegra aúlla satisfecho a unos metros, sobre la piedra alta. Luchamos con ferocidad, con una rabia inusitada, luchamos como si fuésemos una jauría, pero nos superan en número. Malherido por nuestro ataque, el hermano de Caranegra exhala su último aliento, pero comprendemos que ha sido una pieza sacrificable. En el fragor del combate comenzamos a notar el desgaste y en cambio, el Centinela, el traidor, es como una nube de muerte. Posee unas zarpas antinaturales. Veo como derrota a Marzo en un instante, destrozándolo. Kreischen ha dejado de moverse y varios lobos tironean de ella como si fuera un trapo viejo. Cuando se percatan de que ya no representa peligro, las dentelladas arrecian sobre mí. Me inmovilizan, lacerando mi carne, desgarrando y vapuléandome, pero aun así, continúo resistiendo. Antes de perderme en las tinieblas, siento el vacío bajo las patas, un ligero vértigo. Mi cuerpo cae desde lo alto de la cascada. Golpeo el agua helada y lucho por encontrar asidero, pero estoy exhausto y mis patas no me obedecen. La corriente me arrastra y ante cada débil latido, me alejo más y más de mi propio ser. De pronto no hay miedo, ni odio, ni dolor. Solo quietud.

 

En un tiempo sin textura. Reúno fragmentos que pertenecen ya a otra vida. El Centinela devora parte de mi cuerpo a un costado del arroyo. Lo hace de manera casi ceremonial. Poco después, arrastra mis restos por el sendero de Schlund en dirección al Sur y los lobos lo dejan hacer. 

 

Han pasado muchos días. Abro los ojos en un recinto que no logro entender. Ningún elemento de la isla está aquí presente. La artificialidad y la ausencia de verde es dolorosa para la vista. Aquí las superficies son planas y extensas, meticulosas y enquistadas en una tecnología horrible. Un no-color idéntico y repetitivo empobrece todos los rincones y los pocos objetos que se mueven son como pequeñas pesadillas. Unas patas articuladas me han reconstruido sin pausa, mientras entraba y salía de un sueño envenenado. Ahora puedo moverme y no siento dolor, pero ya no soy el mismo. Me han dado instrucciones muy precisas y aunque las aborrezco, están grabadas debajo de mi piel. Muy cerca, en un espacio confinado, otros seres están siendo reformulados, mejorados, separados de la naturaleza para siempre, al igual que yo. A pocos metros, en la pared metálica hay un boquete que me permite mirar hacia el exterior. La equivocación continúa también allá afuera, lo invade todo, se incorpora al paisaje como una enfermedad. El mar está ahí, pero de este lado de la isla ya no se parece al Mar. No se parece a nada.

No encuentro palabras para la desolación.

En el resplandor blanco, las ruedas gigantes de la fábrica arrojan toneladas de lana sobre la marea, donde unos barcos abandonados se pudren desde hace siglos.